Humano, demasiado humano – Friedrich Nietzsche

Humano, demasiado humano, libro en el cual se engloban reflexiones que van desde problemas tan profundos como La química de las ideas y los sentimientos hasta otros en apariencia triviales como las recomendaciones para una Táctica de la conversación, pero que en la brillante y apasionada pluma de Federico Nietzsche adquieren su fundamental importancia para todos aquellos que tienen la misión de liberarse de “las ataduras del deber”, como una primera victoria en el camino de constituirse hombres libres.

El que sepa adivinar algo de las consecuencias que entraña toda sospecha profunda, algo de la sensación de fiebre y de miedo y de las angustias de soledad a que se condenan todos los que están por encima de la diferencia de miras, comprenderá también cuánto tengo que hacer para descansar de mi mismo, casi para olvidarme de mi propio yo, buscando refugio en cualquier sitio, llámese hostilidad o ciencia, frivolidad o tontería; porque cuando no encontré lo que necesitaba, me lo he procurado con artificio o falsificación.

Lo que yo necesitaba con mayor exigencia cada día para mi restablecimiento, era adquirir la creencia de que no estaba solo en el existir así, en ver desde ese prisma mágico un presentimiento de afinidad y semejanza de percepción y de deseo, un descanso en la amistad, una ceguera de dos, completa, sin intermitencia alguna, un sentimiento de placer alcanzado desde el primer momento en lo cercano, en lo vecino, en todo aquello que tiene color, forma y apariencia.

¿qué sabes, qué puedes saber de lo que haya de astucia, de instinto de conservación, de razonamiento y de precaución superior en semejante autoengaño, y de lo que necesito para que pueda permitirme siempre el lujo de mi verdad? Vivo todavía, y la vida no es, después de todo invención de la moral; quiere el engaño; vive del engaño.

La gran transformación llega para siervos de esta especie como un terremoto: el alma joven se siente en un sólo instante conmovida, desasida, arrancada de todo lo que antes amaba; ni aun se da cuenta de lo que le pasa. Extraña investigación, desconocida fuerza impulsiva la dominan y se apoderan de ella, hasta imponérsele como una orden; se despierta el deseo, la voluntad de ir adelante, no importa adónde, a toda costa; violenta y peligrosa curiosidad de un mundo no descubierto brilla y flamea en todos sus sentidos. «Antes morir que vivir aquí» – le dice la imperiosa voz de
seducción:

Miedo, desconfianza repentina de todo lo que amaba, relámpagos de desprecio por todo lo
que para ella significaba «deber», deseo sedicioso, voluntarioso, irresistible como un volcán,
de viajar, de alejamiento, de expatriación, de refrigerio, de salir de la embriaguez, de
tornarse de hielo; odio para el amor; a veces un paso y una mirada sacrílega hacia atrás,
hacia allá, hacia donde hasta entonces se había orado y amado; quizá una sensación de
vergüenza por lo que se acaba de hacer, y un grito de alegría al mismo tiempo por haberlo
hecho; angustia y embriaguez de placer en que se revela una victoria –¿una victoria? ¿sobre
qué? ¿sobre quién?– victoria enigmática, problemática, sujeta a caución, pero que es, en fin,
la primera victoria: tales son los males y los dolores que componen la historia de la gran
transformación.
¡y qué clase de enfermedad es y a qué
grados alcanza, se descubre en las pruebas y actos de bizarría salvaje con que el liberto
quiere, desde lo que es, probar su dominio sobre las cosas!

Con maligna sonrisa revuelve todo lo que
estaba velado o no manifiesto por alguna causa de pudor: inquiere lo que las cosas parecen
cuando se las pone del revés. Es todo caprichos y goza con sus caprichos; quizá presta hoy
favor a lo que ayer tenía en mal concepto y así anda vagabundo, curioso y husmeador de
torno de lo prohibido. En el fondo de sus agitaciones y desbordes –pues en su camino se
encuentra inquieto y sin rumbo como en desierto–, se hace a sí mismo interrogaciones de
curiosidad más y más peligrosas cada vez

Y si nosotros estamos engañados, ¿no somos también engañadores?

«Espíritu libre», estas frías palabras son beneficiosas en
este estado, reconfortadoras. Se vive sin estar ya entre los lazos del amor ni del odio, sin si y
sin no, cerca o lejos, voluntariamente, gozándose sobre todo en escaparse, en evadirse, en
tender el vuelo, tan pronto huyendo como remontándose por el aire; se encuentra uno en ese
estado, como el hombre que ha visto debajo de él multiplicidad de objetos, y viene a ser lo
contrario de aquellos que se preocupan enteramente de las cosas que ni les atañen siquiera.
Efectivamente, lo que el espíritu libre contempla en lo sucesivo son solamente cosas –¡ y
cuántas cosas!– que no le preocupan ya.

caer enfermo a la
manera de los espíritus libres, prolongarse la enfermedad un buen espacio de tiempo y
después lenta, muy lentamente ponerse bueno, o mejor recobrar la completa salud.
Durante mucho tiempo apenas si se atrevía a preguntarse: «¿Por qué me hallo tan apartado
de todo? ¿por qué tan solo? ¿por qué en esta dureza, esta desconfianza, este odio a mis
propias virtudes?¿por qué renunciar a todo lo que respetaba y hasta a ese mismo respeto?
Ahora se atreve a hacerlo descaradamente, propone la cuestión en alta voz y oye ya algo
semejante a una respuesta, que le dice: «Necesitabas hacerte dueño de ti mismo, dueño
también de tus propias virtudes.

Necesitabas enseñorearte de tu pro y tu contra, y aprender el
arte de tomarlos o dejarlos, de aprovecharlos o no, según tu fin del momento. Necesitabas
llegar al conocimiento de los elementos de perspectivas de toda apreciación: la
deformación, la distensión, la aparente teología de los horizontes y todo lo que concierne a
la perspectiva, y más todavía de la indiferencia que es indispensable para apreciar con cabal
criterio valores opuestos y las pérdidas intelectuales con que se hace pagar todo pro y todo
contra.

«¡He aquí un problema
nuevo! ¡He aquí una gran escala, cuyos peldaños hemos subido! ¡También hemos sido
alguna vez peldaños! ¡He aquí un algo más alto, más profundo, más por debajo de
nosotros! ¡ he aquí una gradación inmensa, una jerarquía que nosotros vemos! ¡He aquí
nuestro problema! »

como dice el proverbio es uno filósofo
guardando silencio.
no existen cosas contrarias, sino la exageración habitual de la concepción popular o
metafísica, y que la base de esta pregonada oposición está en un error de raciocinio.
las formas de nuestra
vida se hacen cada vez más espirituales, más feas quizá para la vista de las edades
anteriores, porque no eran capaces de ver cómo el imperio de la belleza interior espiritual va
siendo sin cesar más profundo, más amplio, y en qué medida todos nosotros hoy podemos
dar mayor valor a la visión espiritual interior, que a la composición más bella o al edificio
más sublime.

Muy tarde, casi en nuestros días, los hombres
comienzan a entrever el monstruoso error que han propagado con su creencia en el lenguaje.
Poco a poco, no sólo el
individuo, sino la humanidad, se eleva a esta virilidad, cuando se acostumbra a tener más
alta estimación por los conocimientos seguros duraderos, y ha perdido la creencia en la
inspiración y en la comunicación milagrosa de las verdades.
Aun el hombre más razonable tiene necesidad de volver a la
Naturaleza, es decir, a su relación fundamental ilógica con todas las cosas.
¡si pudiéramos vivir sin hacer apreciaciones, sin tener afectos
ni desafectos!… pero toda aversión está ligada a una apreciación, como puede estarlo una
inclinación afectuosa. Una impulsión a aproximarnos o separarnos de algo, sin un
sentimiento de querer lo ventajoso, de evitar lo dañino, una impulsión sin apreciación por el
conocimiento que influye en el valor del fin, no existe entre los hombres. Somos, por
nuestro destino, seres ilógicos, y por lo mismo injustos, y, sin embargo, no podemos
reconocerlo. Tal es una de las mayores y más irresolubles inarmonías del universo.

Aquel que pudiera tomar
parte en ellos, desesperaría de la vida; si llegase a comprender y a sentir en sí mismo la
conciencia total de la humanidad, prorrumpiría en maldiciones contra la existencia, pues la
humanidad no tiene en su conjunto ningún fin, y por consiguiente, el hombre, examinando
su marcha total, no puede encontrar en ello consuelo ni reposo, sino, por el contrario,
desesperación.
son gentes que alaban porque no son capaces de amar, prontas para la admiración,
pero más prontas para la huída.
La Rochefoucauld Lo que el mundo llama virtud no es
ordinariamente sino un fantasma formado por nuestras pasiones, al que se da un
nombre honrado para hacer impunemente lo que uno quiere.

Nadie es
responsable de sus actos, nadie lo es de su ser; juzgar tiene el mismo valor que ser injusto, y
esto es verdad aun cuando el individuo se juzga a sí mismo. Esta proposición es tan clara
como la luz del sol, y sin embargo, todos los hombres quieren volver a las tinieblas y al
error, por miedo a las consecuencias.
Quien no busca en las cosas sino conocerlas, llega fácilmente a vivir en paz con su
propia alma; cuanto más, podrán achacarse a ignorancia, difícilmente a concupiscencia, sus
errores (pecados que dice el mundo)

Pueden prometerse acciones, pero no sentimientos,
porque éstos son involuntarios.

Quien promete a otro amarlo siempre u odiarlo siempre o
serle siempre fiel, promete algo que no está en su mano poder cumplir; lo que puede
prometer son actos o manifestaciones, que si ordinariamente son consecuencia del amor, del
odio, de la fidelidad, pueden también provenir de otras causas, puesto que caminos y
motivos diversos conducen a una misma acción.

Así, pues, el hombre promete la persistencia de la
apariencia del amor, cuando sin cegarse voluntariamente, promete amor eterno.

¡Qué pobre sería el espíritu humano sin la vanidad! Pero con
ella se asemeja a un almacén bien lleno y siempre llenándose de nuevo, que atrae a
parroquianos de toda clase: pueden encontrar allí casi todo, siempre que tengan consigo el
género de moneda que circula (la admiración).
Hacer de uno mismo una persona completa, y en todo lo
que se hace proponerse uno mismo su mayor bien, vale mucho más que esas miserables
emociones y acciones en provecho de otro.
Aquel que se llama «bueno» es, en resumen, el que por naturaleza, por efecto de
larga herencia, y por lo tanto, con facilidad y gusto, procede conforme a la moral, cualquiera
que ella sea
Ser malvado es ser no moral
(inmoral), practicar la inmoralidad, resistir a la tradición por racional o absurda que sea;

No es entre «egoísta»y
«altruista» la diferencia fundamental que ha llevado a los hombres a distinguir lo moral de
lo inmoral, lo bueno de lo malo, sino que más bien entre el apego a una tradición, a una
ley, y la tendencia a independizarse de ella.

Sin placer no hay vida;
el combate por el placer es el combate por la vida. Saber si el individuo libra este combate
de manera que los hombres le llamen bueno o de manera que le llamen malo, es cuestión
que deciden el nivel o la naturaleza de su inteligencia.
Si desaparecieran el castigo y la recompensa, desaparecerían también los
motivos más poderosos, que alejan de ciertos actos y que conducen a otros; la utilidad de los
hombres exige su mantenimiento, y estando expresado que castiga y recompensa, que
censura y elogia, agitan la vanidad más sensible, esa misma utilidad exige el mantenimiento
de la vanidad.

La ilusión sobre sí mismo del
hombre que actúa, la convicción de su libre albedrío, pertenecen igualmente a aquel
mecanismo que es objeto de cálculo.
entre las buenas y las malas acciones no hay diferencia de especie, sino,
cuando más, de gradación.
Las buenas acciones son malas acciones sublimadas; las malas
acciones, son buenas acciones grosera y neciamente realizadas.
todos los actos
son torpes, porque el nivel más elevado de la inteligencia humana no puede alcanzarse
actualmente
Darse
cuenta de todo esto puede causar profundo dolor; pero hay un consuelo: son dolores de un
nuevo alumbramiento.

En estos hombres capaces
de tristeza –¡que serán pocos!– es donde hace el primer ensayo de saber si la humanidad, de
moral que es, puede transformarse en sabia.

si el error y el extravío de la imaginación ha sido el
único medio por el cual la humanidad podía elevarse poco a poco a este grado de
esclarecimiento y liberación de sí misma, ¿quién se atrevería a estar triste por divisar el fin
adónde llevan estos caminos?

El
hábito hereditario de los errores de apreciación, de amor, de odio, tiene que continuar
actuando en nosotros; pero influido por la ciencia en desarrollo, se hará más y más débil: un
nuevo hábito, el de comprender, el de no amar ni odiar, el de ver desde lo alto, se establece
insensiblemente en nosotros y será dentro de miles de años bastante poderoso quizá para que
la humanidad produzca al hombre sabio, inocente (consciente de su inocencia), con tanta
regularidad como produce actualmente al hombre no sabio, injusto, consciente de su falta, es
decir, el antecedente necesario, no el opuesto a aquél.

¡Cuánto diera por otras verdades, que serían tan saludables, consoladoras y benéficas como
estos errores!

Byron en versos inmortales:
El conocimiento es dolor: los que más sepan
más deben llorar esta verdad fatal:
el árbol de la Ciencia no es el de la vida.
Estos dolores pueden ser
penosos; pero nadie sin dolor llega a ser un guía, un educador de la humanidad, y
¡desgraciado de aquel que quiera ensayarlo sin tener esa pura conciencia!

Los más sabios de todos los tiempos
sonreían y menean la cabeza y están acordas en decir:
¡locura la de empeñarse en mejorar los locos!
¡Hijos de la sabiduría, temed a los locos
como locos: así conviene!
Nosotros, hombres de hoy, sentimos lo contrario; cuando más rico se siente el hombre
interiormente, más polífona se hace la música y el ruido de su alma, más poderosamente
actúa sobre él la unidad de la Naturaleza
cómo la raza más débil puede dictar, no obstante, leyes a la más fuerte, y
dirigir sus acciones en relación a la más débil.
Sin
discípulos ciegos, jamás la influencia de un hombre y de su obra se ha hecho grande.
El hombre, en medio de la Naturaleza, es siempre un niño. Y este niño
sueña a veces un sueño angustioso, pero cuando abre los ojos vuelve a verse en el paraíso.

responde por lo que le place dar a un corazón que ansía recibirlo.

«Presentir» no significa reconocer en algún grado la existencia de
una cosa, sino tenerla como posible en la medida en que uno la desea o la teme; el
«presentimiento» no hace avanzar un paso en el país de la certidumbre.

¡Cuánto desearía ensayarse en esa otra clase de acciones, que son apreciadas por
todos generalmente como las más altas y grandes! ¡Cuánto desearía sentirse dueño de la
buena conciencia que debe dar el pensamiento desinteresado!
¿Quién le socorrerá en ese peligro, que por la perspectiva de una inconmensurable duración
de la pena sobrepasa en crueldad a todos los demás temores de la imaginación?
No podemos sentir por los otros, como dice comúnmente: sentimos por
nosotros y nada más. Esta proposición será dura, pero no lo es si se oye bien. No se ama ni
al padre, ni a la madre, ni al hijo, sino los sentimientos agradables que nos procuran

Algunos hombres tienen, en efecto, una
necesidad tan grande de practicar su fuerza y sus inclinaciones a la dominación, que a falta
de otros objetos o porque hayan fracasado siempre en otras esferas, llegan a tiranizar ciertas
partes de su propio ser, por decirlo así, ciertas porciones o grados de sí mismo.

En toda moral ascética, el hombre adora
una parte de su ser como una divinidad, y debe por esto necesariamente creer diabólicas las
demás partes que lo componen.

El hombre no es a todas horas igualmente moral; esto está comprobado y es cosa
conocida; si se juzga su moralidad según la capacidad de desprendimiento, de renuncia de sí,
que conducen al gran sacrificio (el cual, si persiste y llega a hacerse un hábito, se llama
santidad), se encuentra que en el estado de pasión es cuando se muestra más moral; la
emoción superior le ofrece móviles nuevos, de los cuales, en la calma y tranquilidad
cotidiana, no se creería nunca capaz. ¿Cómo sucede esto? A nuestro parecer, por el
inmediato parentesco que existe entre todo lo que es grande y determina fuertes emociones.

Se sabe
que la imaginación sensible es moderada, hasta casi suprimida, por la regularidad de las
relaciones sexuales; y que, al revés, la irregularidad o la abstinencia en estas relaciones la
desencadena y la excitan.
Todo elemento natural al que el hombre une la idea del
mal, de pecado (como pasa hoy mismo en lo que se refiere al elemento erótico), importuna,
obscurece la imaginación, produce perspectiva aterradora, hace que el hombre esté en lucha
consigo mismo y le hace, frente a frente de él, inquieto, desconfiado.
esta costumbre de sufrir por causa de lo
que es natural está en la realidad de las cosas totalmente desprovista de fundamento, no es
sino consecuencia de las opiniones sobre las cosas.
Lo que existía de mórbido en su
naturaleza, con su amalgama de pobreza de espíritu, de saber malvado, de salud indispuesta,
de nervios exasperados, permanecía tan oculto a su mirada como a la del espectador.

Estamos acostumbrados en presencia de
cualquier cosa perfecto a no proponernos el problema de su formación, sino a gozar de su
presencia como si hubiera surgido por arte de magia.
El artista sabe que su obra no tendrá pleno efecto sino
cuando despierta la creencia de una improvisación, de una milagrosa espontánea
producción, y así de buen grado contribuye a esa ilusión e introduce en el arte elementos de
inquietud entusiasta, de desorden como palpamientos de ciego, de sueños que cesan en el
comienzo de la creación, como un medio de engañar para disponer el alma del espectador, o
del oyente, de manera tal que crea en el brote espontáneo de lo perfecto.
El arte asume accesoriamente la tarea de
conservar el ser, aun de dar algún color a las representaciones descoloridas y pálidas

Con buena o mala voluntad, tendrá siempre que realizar la tarea de hacer
eternamente niña a la humanidad; esa es su gloria, pero también su límite.

La belleza más noble no es la que nos deslumbra
instantáneamente, la que nos seduce por asaltos tempestuosos y embriagadores (que
fácilmente llega a disgustar), sino aquella que se insinúa lentamente, la que uno lleva dentro
de sí en el pensamiento, y que un día, soñando se vuelve a ver delante, y que por fin,
después de haberse modestamente circunscrito en nuestro corazón, toma posesión completa
de nosotros, llena nuestros ojos de lágrimas y nuestro corazón de deseo. ¿Qué anhelamos,
pues, ante el aspecto de la belleza? Ser bellos, creyendo que la ventura está unida a la
belleza. ¡Terrible error!

Así como
la sombra es necesaria para embellecer, así también lo sombrío es necesario para iluminar.
El que discierne menos severamente y se abandona de buen grado a la memoria
reproductora podrá, en ciertas condiciones, hacerse un gran improvisador; pero la
improvisación artística está en un nivel muy bajo en comparación de las ideas de arte
elegidas seriamente.
El genio artístico quiere producir
satisfacción, pero si se eleva a un grado muy alto, le falta fácilmente persona a quien
producirla: ofrece manjares sabrosos, pero que el paladar, poco delicado, no saborea. Y
como es natural, esto imprime en él, según las circunstancias, o algo patético, o algo
conmovedor, o algo ridículo,

No deseamos poseer las estrellas, sino
regocijarnos con su esplendor
Si su fin es producir el mayor efecto
posible, la incertidumbre de sí mismo y esa adición de una semilocura, le sirven mucho,
pues lo que se ha admirado y envidiado siempre en ellos es justamente esa fuerza, gracias a
la cual arrebatan la voluntad a los hombres y les encadenan a la ilusión de que guías
sobrenaturales van delante de ellos.

Puede cuando el
artista no eleve a su público, éste cae rápidamente, y su caída es tanto más profunda y
peligrosa cuanto el genio le ha llevado más alto.
Esta transición de una angustia momentánea a una alegría de corta duración es lo
que se denomina lo cómico.
Buscar el honor quiere decir «hacerse superior y que esta
superioridad se haga pública». Si lo primero falta y se ambiciona lo segundo, háblase de
vanidad. Falta lo segundo y se nombra el orgullo.

cuanto más se deja que hacer al espectador, más
se excita en triunfar el mismo del obstáculo que hasta entonces se oponía al
desenvolvimiento completo de la idea.

la suerte de los escritores obscuros consiste en que el lector se consuma
estudiándolos y ponga en su cuenta el goce que le causa su diligencia.
El pensamiento aislado al cual un hombre de valer atribuye gran precio, en
medio de las risas y burlas de las gentes sin valer, es para él una llave de tesoros ocultos,
mientras que para los demás es un pedazo de hierro viejo.
Las paradojas de que el lector se sorprende, no están a
menudo en el libro, sino en la cabeza del que lee.
Los autores más espirituales producen una sonrisa poco sensible.

El mejor escritor es aquel que se avergüenza de serlo.

Considerar el oficio de escritor como una profesión, es
una locura.
esta manera fría de escribir y de sentir es, a título de contraste, muy atrayente y un
nuevo peligro, dado que la frialdad penetrante es un medio de excitación como el más alto
grado de calor.
Si se considera, pues, que toda acción de un hombre, y no solamente un libro,
sirve por algún motivo de ocasión a otras acciones, decisiones y pensamientos , que todo lo
que se hace está anudado a lo que se hará, tendremos que reconocer verdadera inmortalidad
existente, la del movimiento.

Si es uno algo, no tiene necesidad de hacer nada.

tratándose de la
pasión que domina profundamente, que devora al individuo y hasta lo aniquila con
frecuencia, la cosa tiene alguna importancia; el que la sufre no la describe ciertamente en
dramas, melodías ni novelas.
Los artistas son a menudo individuos sin freno, justamente en
la medida en que no son artitas.

Verdad es que en ciertos hechos físicos, en la pasión amorosa, por ejemplo, la satisfacción
de una necesidad produce alivio momentáneo del instinto.

¿Cómo puede el hombre experimentar placer en lo
absurdo? ¡Tanto como hay de qué reír en el mundo!

su secreto estribaba en hacer a la enfermedad, teniendo en cuenta su poder, los
honores de una divinidad.
Cuanto más susceptible de pensamiento se hacen el oído y la
vista, más se acercan a los límites de lo inmaterial; el placer radica en el cerebro, los órganos
de los sentidos se reblandecen y debilitan, el simbolismo toma cada vez más el lugar de lo
real

Entretanto, podemos decir: el mundo es más feo que antes, pero significa un mundo más
bello.

¿Qué es hoy para nosotros la belleza de un edificio? Lo mismo que el hermoso
rostro de una mujer sin espíritu, algo así como una máscara.

El hombre de ciencia es el desarrollo
ulterior del artista.
el sol se ha ocultado ya, pero todavía ilumina e inflama el cielo de nuestra vida, aunque no la
divisemos.
el espíritu libre tiene
generalmente el testimonio de la bondad y de la penetración superior de su inteligencia,
grabado en el rostro tan legíblemente que hasta los espíritus dependientes lo comprenden.

En el conocimiento de la
verdad, se trata de lo que se tiene, no de saber por qué motivo o por qué camino se ha
buscado.

el espíritu libre
busca razones, los demás buscan una creencia.
El habituarse a principios intelectuales no apoyados en razones, es lo que se
llama creencia.

el espíritu libre es siempre débil, especialmente en la
acción; pues conoce demasiados motivos y puntos de vista, y por ello su mano está poco
segura
¿De dónde viene la energía de su fuerza
inflexible, la persistencia con que el individuo, contra la tradición, trata de adquirir un
conocimiento completamente individual del mundo?.
Cuanto mayor es la cultura de un hombre, tanto
menor es su inclinación a la burla y a la sátira.

Cuanto más profundamente comprenda un hombre la vida, tanto
menos se burla, como no sea de su misma comprensión.
Si podemos preverlo, procuremos evitarlo.

El que quiera vivir
feliz y tranquilo, apártese de la cultura moderna.

todo hombre que quiera idealizar su vida, no debe mirarla muy de cerca sino a
cierta distancia,

el
hombre ocioso es siempre mejor que el activo.

la pereza que existe en el fondo del alma del hombre activo, le
impide sacar el agua de su propia fuente
Importancia de la enfermedad.– El hombre enfermo llega a enterarse de que por lo
común lo está por causa de su propio empleo, de sus negocios o de su sociedad, y que por
ellas ha perdido todo conocimiento razonado de sí mismo: gana esa sabiduría en el ocio a
que le obliga su enfermedad.

Por muchos que sean los laberintos que tenga que
atravesar, por muchas que sean las rocas que detengan su marcha momentáneamente, desde
el momento que ve la luz sigue su camino iluminado por claridad meridiana, casi sin ruido,
dejando a los rayos del sol que penetren hasta lo más íntimo.
Pero es menester dirigir la mirada más
allá, saber crecer más todavía, por encima de todo eso; si nos quedamos dentro de esos
límites no comprenderemos todo aquello.
Haz un viaje retrospectivo caminando sobre los vestigios en que la humanidad ha dejado
marcada su larga marcha dolorosa, a través del desierto del pasado, y así aprenderás
seguramente a conocer qué dirección no puede ni seguir la humanidad futura. Y en tanto que
investigas el nudo gordiano del porvenir, tu propia vida toma el valor de un instrumento y de
un medio de conocimiento. De ti depende que tus ensayos, tus errores, tus ilusiones, tus
faltas, tus sufrimientos, tu amor y tu esperanza coadyuven sin excepción a tu designio, y este
designio es el de llegar a ser tú mismo una cadena necesaria de anillos de la civilización, y el
deducir, por esta necesidad, la necesidad de la marcha de la civilización universal. Cuando
tu vista haya adquirido bastante fuerza para poder mirar hasta el fondo el lago turbio de tu
ser y de tus conocimientos, quizá también en ese espejo las estrellas lejanas de las
civilizaciones del porvenir se te harán visibles.

Es necesario en el trato de los hombres recurrir a un disimulo
benévolo, como si no penetráramos los motivos de su conducta.
No es raro encontrar copias de hombres de consideración, y la mayor parte
de las personas, como sucede con los cuadros, tienen mayor aprecio por las copias que por
los originales.

La fuerza o la debilidad de la producción intelectual
no depende tanto de las facultades heredadas como de la energía transmitida.
La falta del abandono entre amigos es una falta que no puede
repetirse sin hacerse irremediable.

El medio mejor de socorrer a las personas que se hallan
muy agobiadas y de tranquilizarlas, consiste en alabarlas de una manera decidida.
El que busca con propósito deliberado penetrar en lo
confidencial de otra persona, no está de ordinario cierto de poseer su confianza. El que está
seguro de la confianza, da poco valor a la confidencia.

Las personas que nos brindan su plena confianza creen por
ello tener derecho a la nuestra. Es un error de razonamiento: los dones no dan derecho
Adulación.– Las personas que en nuestras relaciones con ellas quieren aturdir nuestra
prudencia con sus lisonjas, usan de un medio peligroso, semejante al narcótico, que si no
adormece, nos tiene más insomnes.
En una sociedad sin espíritu.–
Nadie es capaz de buena voluntad para el hombre
espiritual por su cortesía, cuando se pone al nivel de una sociedad en que no es cortés ser
espiritual.
Lo humano de las celebridades del espíritu, en sus relaciones con
personas no célebres, consiste necesariamente en el agravio que infieren.

Los hombres que no se sienten satisfechos en sociedad, aprovechan
cualquier ocasión para hacer sobre cualquiera de los que le rodean prueba pública de
superioridad, por ejemplo, incomodándole.

Un alma delicada se duele de saber que alguien le debe
reconocimiento; un alma grosera al saber que se lo debe a alguien

Alguna vez, en la conversación, el sonido de nuestra propia voz
nos causa molestia y nos lleva a afirmaciones que no están del todo conformes con lo que
opinamos.
Tememos en el prójimo una disposición hostil, porque tememos
que por esa disposición penetre nuestros secretos.
Cuando se encuentran dos personas cuya vanidad es
igualmente grande, se impresionan malamente porque se halla tan preocupada cada una en la
impresión que quiere producir sobre la otra, que ambas se dan cuenta al fin que su afán es
necio, y se imputan mutuamente la falta.

¿Por qué sentimos
remordimiento después de habernos encontrado en reuniones vulgares? Porque hemos
tratado muy ligeramente cosas importantes, porque hablando de ciertas personas no hemos
hablado de buena fe o porque hemos guardado silencio cuando debimos tomar la palabra,
porque en la ocasión oportuna no nos levantamos bruscamente dejando esa compañía,
porque, en fin, nos hemos conducido en ella como si a ella perteneciéramos.

Tomar el color del medio.–
¿Por qué la simpatía y la aversión son tan contagiosas,
que apenas si se puede vivir cerca de un hombre de pasiones fuertes, sin llenarse como un
tonel de su pro y de su contra? Primero la completa abstención del juicio es difícil, a veces
insoportable para nuestra vanidad: tiene el mismo color que la pobreza de inteligencia y de
sentimiento, o que la timidez y la falta de virilidad, y así nos sentimos arrastrados, cuando
menos, a tomar un partido, aunque vaya contra la tendencia de quienes nos rodean, si esa
actitud causa mayor placer a nuestro orgullo. Pero de ordinario –segundo punto– no
adquirimos conciencia del paso de la indiferencia a la simpatía o a la aversión, sino que nos
acostumbramos poco a poco a la manera de sentir de quienes nos rodean, y como la
aprobación simpática y la cordialidad mutua son cosas muy agradables, no tardamos en
tomar todos los caracteres y colores del medio en que vivimos.

El hábito de la ironía, como el del sarcasmo, corrompe la moral.
PRETENSION
Nada hay que deba evitarse tanto como el crecimiento de esa mala
hierba que se llama pretensión y nos malogra las mejores cosechas, pues puede haber
pretensión en la cordialidad, en los testimonios de respeto, en la confianza benevolente, en
la caricia, en el consejo amistoso, en la confesión de las faltas, en la compasión por otro, y
todas esas cosas tan bellas producen repugnancia cuando esta hierba crece en ellas. El
pretencioso, es decir, el que quiere tener más importancia de la que tiene o de la que se le
presta, hace siempre un cálculo falso. Es verdad que se asegura el éxito de un momento, en
el sentido de que las personas delante de las cuales se muestra pretencioso le concede
ordinariamente la medida de honor que reclama, por timidez o por indiferencia; pero sacan
de ella una dura venganza, retirándole el equivalente de lo que ha reclamado en proporción
mucho mayor del valer que le atribuían hasta entonces.
Es la razón por que las mujeres
espirituales dejan, en quien las ha conocido, una impresión sorprendente, penosa,
desconsoladora: el hecho de hablar a muchas personas les quita el agrado, y sólo dejan
traslucir el reposo consciente sobre sí mismas, su táctica y la intención de triunfar, mientras
que las mismas damas, en el vis a vis, vuelven a ser mujeres y a encontrar su espíritu.
es un delirio creer que el conjunto de la humanidad siga nuestro
camino.

la mayor parte de las veces son nuestras faltas, nuestra debilidad y
nuestras locuras lo que impide el reconocimiento de nuestras cualidades.

375 LOS AMIGOS:
Considera solamente una vez contigo mismo cuán diversos son los
sentimientos, cuán divididas las opiniones aun entre los conocimientos más próximos, y aun
cuántas opiniones semejantes tienen en el cerebro de tus amigos una orientación y una
fuerza muy diversas de las que tiene en el tuyo; en cuántos centenares de formas se presenta
la ocasión de desavenencias y desacuerdos y de huirse recíprocamente como enemigos.
Si alguien se da perfecta cuenta de esto, y además
de que todas las opiniones, y su especie, y su fuerza, son entre sus contemporáneos tan
necesarias e irresponsables como sus acciones, si adquiere vista para mirar esa necesidad
íntima de las opiniones y salir del indisoluble enlace del carácter, de la ocupación, del
talento, del medio, perderá quizá la amargura y la aspereza de sentimiento
Se hará más bien esta confesión: «Sí, hay
amigos; pero es el error, la ilusión quien los ha conducido hasta ti, y les es necesario haber
aprendido a callarse para permanecer siempre amigos, pues casi siempre tales relaciones
humanas descansan sobre que una o dos cosas no se dirán nunca ni serán tocadas jamás;
pero esos guijarros ruedan, y tras ellos va la amistad y se rompe.» ¿Hay, por ventura,
hombres para quienes no fuese mortal herida el saber lo que sus más fieles amigos sienten
de ellos en el fondo? Aprendiendo a conocernos a nosotros mismos, a considerar nuestro
mismo ser como una esfera móvil de opiniones y de tendencias, y así a despreciarlo un poco,
pongámonos en parangón con los demás. Es verdad que tenemos razones para estimar poco
a los que conocemos, pero también otras semejantes para volver ese sentimiento contra
nosotros mismos. Así, pues, soportemos a los demás lo que a nosotros nos soportamos
Sin razón razonable.– En la madurez de la vida y de la inteligencia, siente el hombre
que su padre ha cometido un pecado engendrándolo.
Hay mujeres en las que, por más que se busque y se analice, no se
encuentra nada interior; son simplemente máscaras.

si se considera que en todas las personas y en todas las cosas
se puede encontrar algo que les sea favorable y algo también que les sea adverso; que todo
lo que vemos no tiene sólo una, sino dos, tres y hasta cuatro caras, es verdaderamente difícil
engañarse por completo en tan repentinas decisiones; hasta podría decirse: la naturaleza de
las cosas está dispuesta de tal manera, que las mujeres siempre tienen razón.
Desde que pueden ver de cerca, sus ojos
cesan de ver lejos.
Si las mujeres tenían en la moral
su mayor poder, ¿de qué medio podrán valerse para reconquistar semejante cantidad de
poder, una vez que hayan abandonado la moral?

Los espíritus libres ¿vivirán con mujeres? Creo que,
en general, semejantes a los pájaros de la antigüedad, siendo como son los que piensan y
dicen la verdad del presente, preferirán volar solos.

luminoso crepúsculo destinado a hacer brillar el triste día que le precedió.

Una sola cosa es necesaria: espíritu ligero por la
naturaleza o espíritu aligerado por el arte y por la ciencia.

El hombre se conduce noblemente sin quererlo, cuando está
habituado a no querer nada de los demás.
Utilizar el flujo y el reflujo.– Es necesario, en vista del conocimiento, saber utilizar
esa corriente interior que nos lleva hacia una cosa y aquello que, después de cierto tiempo,
nos separa de ella.
Decimos: «complacerse en una cosa», pero en realidad es
complacerse a sí mismo por medio de aquella cosa.
El que es modesto en relación a las personas, muestra mayor pretensión
en relación con las cosas (ciudad, sociedad, tiempo, humanidad). Esa es su venganza.

Las personas sobre las que no se tiene
convicción de hallar siempre actitud simpática en todas las circunstancias, mientras que por
nuestra parte estamos obligados por algún motivo (por ejemplo, el reconocimiento) a
conservar la apariencia de una simpatía absoluta, atormentan nuestra imaginación mucho
más que nuestros enemigos.

Quien piense con alguna profundidad, sabrá que su juicio tendrá
siempre faltas, que trata y juzga como quiere.

Querer ser amado.– La exigencia de ser amado es la mayor de las pretensiones.
El que ve mal, ve siempre demasiado poco; el que oye mal, oye
siempre demasiado.
Quien se separa de la tradición es víctima de lo
extraordinario; quien permanece en la tradición es su esclavo. En ambos casos camina uno
siempre a su ruina.
El celo y la conciencia son frecuentemente antagónicos, porque
el celo quiere coger verdes los frutos del árbol y la conciencia los deja en él largo tiempo,
hasta que caigan y se malogren.

Servir de modelo a los demás.– Quien quiere dar buen ejemplo debe añadir a su
virtud un grano de locura; entonces imita y se eleva por encima de lo que imita, que es lo
que los hombres quieren.
Poco sufre de deseos difíciles de saciar el que ha ejercitado
la imaginación en afer el pecado.

Confesión.– Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero de
ordinario el otro no la olvida.

Aceptamos lo milagroso, lo irracional, cuando
lisonjea nuestra propia estimación.
La ventaja de tener mala memoria consiste en que se goza muchas
veces las mismas cosas.

Procurarse trabajos.– La falta de escrúpulo del pensamiento es a menudo señal de
una disposición interior inquieta, que busca cómo aturdirse.
aquella hermosa edad de la vida en que se enoja uno contra el destino de ser tanto y
parecer tan poco. Más tarde se parecerá realmente más, pero se habrá perdido la firme
convicción de ser mucho, que toda la vida es un foco incorregible de vanidad.

la verdad tiene la costumbre de decir l oque posee de más elevado
en espíritu con aire de sencillez.

Es de tu propia gran fuerza de la que este parásito se alimenta y desarrolla: si aquélla fuese
menos tendrías menos que sufrir.
Hay grandes ventajas en retirarse completamente de su
época, y por decirlo así, en dejarse arrastrar por su corriente sobre el océano de las
concepciones pasadas del mundo. Desde allí, mirando hacia el río, abraza uno por primera
vez la configuración del conjunto, y cuando se acerca a ella tiene la ventaja de comprenderlo
mejor que aquellos que jamás lo han dejado.
Es un nuevo paso hacia la independencia el atreverse a
expresar apreciaciones que han de causar vergüenza a quienes las propagan. En este caso,
hasta los amigos y conocidos se manifiestan inquietos. Es este todavía un fuego por el cual
debe pasar la naturaleza bien dotada; en seguida se pertenece aún más a ella misma.

Aquellos que tienen su fuerza en la profundidad de sus
impresiones, y a quienes habitualmente se llama hombres profundos, son en presencia de
toda aparición repentina relativamente resueltos, puesto que en el primer momento de la
impresión era aún superficial, no siendo profunda hasta después. Son las cosas y las
personas, previstas y esperadas largo tiempo, las que excitan más aquellas naturalezas,
haciéndolas casi incapaces de presencia de ánimo cuando llegan por fin.

Lo que es humano no vale nada al lado de lo serio, y por
lo tanto…
«Sin pasiones no habríais vivido.» Porque haya jurado
fidelidad (a un ser puramente ficticio, a un dios), porque haya entregado su corazón a un
príncipe, a un partido, a una mujer, a una orden religiosa, un artista, un pensador, en un
estado de ilusión ciega, subyugado por su seducción, que hacía aparecer estos seres como
dignos de todos los respetos, ¿por eso estaremos ligados a ellos indisolublemente? ¿No nos
habíamos engañado a nosotros mismos? ¿No era esto una promesa hipotética, bajo la
condición que, a decir verdad, no se ha realizado, de que esos seres a quienes
consagrábamos serían realmente lo que parecían ser en nuestra imaginación? ¿Estamos
obligados a ser fieles a nuestros errores, aun con la idea de que por esta fidelidad causamos
daño a nuestro yo superior? No, no hay ley, no hay obligación de este género; debemos ser
traidores, practicar la infidelidad, abandonar siempre que sea preciso a nuestro ideal.

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Humano, demasiado humano – Friedrich Nietzsche

Why women hurt women

Even if we have done the work needed to uncover our own gender role conditioning and shake it loose, we still must find a way to contend with society’s ceaseless attempts to condition us today.

This is why understanding internalized sexism is crucial to eliminating sexism. Just like men, women need to learn to stop being perpetrators of sexism if they are to become effective allies against oppression.

Objectification at the most basic level, is the process by which we confuse what a person lools like with whi they are. When a woman is thought of as a whole person, we recognize her complexity and multidimensionality, the richness of her inner experience. Reducing a woman to an object means that we only view her from the outside, believing that we know who she really is based on how she looks and assessing her worth by how well she matches the cultural standards of beauty and desirability that we’ve learned.

Why would women hurt each other by perpetuating objectification?
Paradoxically, women may be hurting each other in an effort to protect one another from sexism. There are at least three different kinds of ways a woman may be objectified:
1. She can receive validating objectification, being affirmed, complimented, and rewarded for her appearance.
2. She can receive derogatoty objectification, being criticized, insulted, or punished for her appearance.
3. In the absence of validating or derogatory objectification, a woman may encounter social invisibility, along with the implicit exclusion that comes from not being seen.

Though their motivations are often to be caring and supportive, when women play the part of enforcing gender role conditioning upon girls and other women, they are occupying an essential supporting role in keeping the overall system of sexism intact.

Giving up on playing the impossible game can mean finding other ways to sense one’s self-worth and other foundations for being a woman in the world.

A learned sense of powerlessness may be the most damaging aspect of internalized sexism, leading girls and women to limit themselves and one another, to believe themselves confined to behaviors that fit within the female role, to act passively in some contexts and to believe that these limitations are natural or permanent.

One of the United Nations Millennium Development Goals is to “promote gender equality and empower women”, a goal indicated as necessary for the health of our world. As a result, there are many organizations worldwide that address this gial through programs for “Girl’s Leadership”, “Empowering women”, and “Gender Equality”.
Three main components of these programs:
1. Girls and women are at the center of participation, and of efforts to take action, creating platforms for women’s voices to be heard.
2. The focus is not just on outer change, but on self-reflection and personal growth, guiding women to understand their inner worlds, their beliefs, and their emotions.
3. Programs that explicitly follow a liberation framework include explicit consciousness-raising about systems of oppression, specifically sexism and internalized sexism.

Source: http://www.interchangecounseling.com/blog/why-women-hurt-women-understanding-and-overcoming-internalized-sexism/

Why women hurt women

Masculino y femenino en la intersección entre el psicoanálisis y los estudios de género. Luis Santos Velásquez

Es el trabajo de la cultura sobre el organismo recién nacido lo que permite  y parcialmente determina, la construcción tanto de un cuerpo sexuado con una identidad masculina o femenina -o cualquier punto intermedio-, como de uns orientación hetero-, homo- o bisexual.

…Cada vez resulta más claro que el 《saber》acerca de lo que es ser hombre y de lo que es ser mujer inicialmente es un prejuicio, en la medida en que consiste en la enunciación de una serie de principios normativos, culturalmente construidos e históricamente cambiantes, que en cada contexto se consideran como de origen natural e inmodificables. En consecuencia, el significado de lo masculino y lo femenino se ha convertido en una pregunta que debe ser sostenida, en lugar de la aceptación acrítica de un saber presupuesto.

Corolario: la sexualidad de la mujer constituye una fuerza cuyo descontrol es peligroso, primero que todo para la mujer misma.

El ser humano está abocado a vivir desde su nacimiento en la polaridad satisfacción-frustración. Cada satisfacción dejará la huella del placer que el sujeto seguirá buscando y, además, un resto de insatisfacción que se constituye en motor para continuar la búsqueda.

El sujeto que entra en la cultura es, entonces, aquel que acepta las prohibiciones con que se marcan los límites a su deseo.

El trabajo psicoanalítico demuestra repetidamente que las características de sus vivencias y fantasías sexuales infantiles seguirán marcando por el resto de la vida las formas como las personas viven, expresan e intentan satisfacer sus deseos sexuales.

En el planteamiento de Lacan (contrario a lo que se podría interpretar en una primera mirada) el no-toda fálica de la mujer no es un menos respecto al falo, sino que es un excedente.

…Doble dependencia que con frecuencia aparece bajo unas fachadas paradójicamente narcisistas: una, la mujer excesivamente pendiente de su cuerpo, su aspecto, su atuendo (narcisismo de vitrina, la mujer-maniquí); otra, aquella que no se enamora de un otro sino del amor que ese otro le puede ofrecer, y que parece enamorada de sí misma, cuando en realidad está tratando de compensar un profundo vacío en su narcisismo.

Masculino y femenino en la intersección entre el psicoanálisis y los estudios de género. Luis Santos Velásquez

El arte de amar – Erick Fromm

Con este texto, los jóvenes del siglo XXI, tienen la oportunidad de encontrar el extraviado camino en la comprensión del amor filial, del amor propio… Pero sobre todo, del amor sexual.

De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio.

En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que prevalece el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.

…en realidad, consideran la intensidad de su apasionamiento, ese estar 《locos》el uno por el otro, como una prueba de la intensidad  de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.

El hombre sólo puede ir hacia adelante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana que está irremediablemente perdida.

La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad. El fracaso absoluto en el logro de tal finalidad significa la locura, porque el pánico del aislamiento total sólo puede vencerse por medio de un retraimiento tan radical del mundo exterior que el sentimiento de separación se desvanece -porque el mundo exterior, del cual se está separado, ha desaparecido.

La polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, que se basa en dicha polaridad.

Nuestra necesidad de amar está en la experiencia de separatidad y la necesidad resultante de superar la angustia de la separatidad por medio de la experiencia de la unión.

La vida no tiene otro sentido que el que el hombre le da; el hombre está completamente solo, salvo en la medida en que ayuda a otro.

Conocer y, no obstante, [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad.

El amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada; por el contrario, la felicidad sexual -y aun el conocimiento de la llamada técnica sexual es el resultado del amor.

Enamorarse linda siempre con lo anormal, siempre se acompaña de ceguera a la realidad, compulsividad, y constituye una transferencia de los objetos amorosos de la infancia.

En tanto, el amor sea una fantasía, pueden participar; en cuanto desciende a la realidad de la relación entre dos seres reales, se congelan.

El arte de amar – Erick Fromm

Erick Fromm- psicoanálisis de la sociedad contemporánea

EMERSON
Las cosas se han subido a la silla y cabalgan sobre la humanidad.

Pero muchos psiquiatras y psicólogos se resisten a sostener la idea de que la sociedad en su conjunto pueda carecer de equilibrio mental, y afirman que el problema de la salud mental de una sociedad no es sino el de los individuos “inadaptados”, pero no el de una posible inadaptación de la cultura misma.

El objetivo de todo el desarrollo socioeconómico del mundo occidental es el de una vida materialmente confortable, una distribución relativamente equitativa de la riqueza, democracia y paz estables, ¡y los mismos paísrs que han llegado más cerca de ese objetivo muestran los síntomas más graves de desequilibrio mental!

El criterio para juzgar de la salud mental no es el de la adaptación del individuo a un orden social dado, sino un criterio universal, válido para todod los hombres: el de dar una solución suficientemente satisfactoria al problema de la existencia humana.

Si una persona no llega a alcanzar la libertad, la espontaneidad y una expresión auténtica de sí misma, puede considerarse que tiene un defecto grave, siempre que supongamos que libertad y espontaneidad son las metas que debe alcanza

r todo ser humano. Si la mayoría de los individuos de una sociedada dada no alcanza tales metas, estamos ante el fenómeno de un defecto socialmente modelado.

Spinoza formuló muy claramente el problem del defecto socialmente modelado. Dice: “Muchas personas se sienten poseídas de un mismo afecto con gran persistencia. Todos sus sentidos están tan profundamente afectados por un solo objeto, que creen que este objeto está presente aún cuando no lo está. Si esto ocurre mientras la persona esté despierta, se la cree perturbada… Pero si la persona codiciosa sólo piensa en dinero y riquezas, y la ambiciosa sólo en fama, no las consideramos desequilibradas, sino únicamente molestas, y en general sentimos desprecio hacia ellas. Pero en realidad  la avaricia, la ambición, etc., son formas de locura, aunque habitualmente no las consideremos ‘enfermedades'”.

La existencia humana difiere en este respecto de la de todos los demás organismos : se halla en un estado de desequilibrio constante e inevitable. La vida del hombre no puede “ser vivida” repitiendo el patrón o modelo de su especie: tiene que vivirla él. El hombre es el único animal que puede aburrirse, que puede sentirse expulsado del paraíso. El hombre es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que tiene que resolver y del cual no puede escapar. No puede regresar al estado prehumano de armonía con la naturaleza; tiene que seguir desarrollando su razón hasta hacerse dueño de la naturaleza y de sí mismo.

No hay más que un camino que pueda seguir: salir por completo de su patria natural, y encontrar una nueva patria, una nueva patria creada por él, haciendo del mundo un mundo humano y haciéndose él mismo verdaderamente humano.

La necesidad de encontrar soluciones siempre nuevas para las contradicciones de su existencia, de encontrar formas cada vez más elevadas de unidad con la naturaleza con sus prójimos y consigo mismo, es la fuente de todas las fuerzas psíquicas que mueven al hombre, de todas sus pasiones, afectos y ansiedades.

Ni aun la satisfacción más completa de todas sus necesidades instintivas resuelcr si problema humano; sus pasiones y neceidades más intensas no son las enraizadas en su cuerpo, sino las enraizadas en la peculiaridad misma de su existencia.

Las fuerza más poderosas que motivan la conducta del hombre nacen de las condiciones de su existencia, de la “situación humana”.

Todas las pasiones e impulsos del hombre son intentos para hallar solución a su existencia, o, como también podemos decir, son un intento para evitar el desequilibrio mental. (Puede decirse, de pasada, que el verdadero problema de la vida mental no es por qué enloquecen algunas personas, sino más bien por qué no enloquece la mayor parte.)

…mientras tales pasiones tienden a crear la sensación de unión, destruyen la sensación de intregridad. La persona dominada por cualquiera de esas pasiones en realidad se hace dependiente de los demás; en vez de desarrollar su propio ser individual, depende de aquellos a quienes se somete o a quienes domina.

La voluntad de destruir surge cuando no puede satisfacerse la voluntad de crear. Pero la satisfacción de la necesidad de crear conduce a la felicidad, y la destructividad al sufrimiento, más que para nadie para el destructor mismo.

BACHOFEN: El aspecto positivo, de la adhesión a la figura materna, es el sentido de afirmación de la vida, la libertad y la igualdad que impregna la estructura matriarcal.
El aspecto negativo de la estructura matriarcal, al estar atado a la naturaleza, la sangre y el suelo, el hombre se ve imposibilitado de desarrollar su individualidad y su razón. Es siempre un niño e incapaz de progreso.

Los aspectos positivos del complejo patriarcal son: razón, disciplina, conciencia e individualismo; los aspectos negativos son: jerarquía, opresión, desigualdad, sumisión.

La contradicción entre el principio del deber y el principio del amor, entre la conciencia paterna y la materna, es una contradicción inherente a la existencia humana, y hay que aceptar los dos términos de la contradicción. La conciencia que sigue únicamente las órdenes del deber es una conciencia tan falseada como la que únicamente sigue las órdenes del amor. Las voces del padre y de la madre, interiores, no sólo hablan de la actitud del hombre consigo mismo, sino de su actitud hacia todos los hombres. Debe juzgar a sus prójimos con su conciencia paterna, pero al mismo tiempo debe escuchar en sí mismo la voz de la madre que ama a todas las criaturas, a todo lo que vive, y que perdona todas las transgresiones.

La persona que no se ha librado de los vínculos de la sangre y el suelo aún no ha nacido del todo como ser humano; su capacidad de amor y de razón está tullida; no siente a sí mismo ni a sus prójimos en su realidsd humana.

Sólo cuando el hombre logre desarrollar su razón y su amor más que hasta ahora, sólo cuando pueda organizar un mundo a base de solidaridad humana y de justicia, sólo cuando pueda sentirse enraizado en un sentimiento de fraternidad universal, habrá encontrado una forma nueva y humana de arraigo, habrá transformado su mundo en una patria verdaderamente humana.

¿Hay algo más evidente que el hecho de que los individuos arriesgan sus vidas, renuncian al amor, renuncian a la libertad, sacrifican sus ideas, para sentirse uno más del rebaño e identificado con él, con lo que adquieren un sentimiento de identidad, aunque sea una identidsd ilusoria?

No tiene dificultad en obrar irracionalmente, pero le resulta casi imposible no dar a su acción la apariencia de una motivación razonable.

Únicamente mediante el trabajo productivo se relaciona con la naturaleza, identificándose con ella, pero, no obstante, sin sumergirse en ella. Mientras el hombre permanece enraizado incestuosamente en la naturaleza, en la madre o en el clan, no puede desarrollar su individualidad, su razón; es una presa inerme de la naturaleza y, sin embargo, nunca puede sentirse identificado con ella. Únicamente desarrollando su razón y su amor, únicamente pudiendo sentir el mundo social y el natural de una manera humana, puede sentirse en su patria, seguro de sí mismo y dueño de su vida.
….Es fácil ver que sólo un sentimiento de identidad basado en la sensación de sus propias fuerzas puede proporcionar vigor, mientras que todas las formas de sentimiento de identidad basadaz en el grupo hacen al hombre dependiente y, por lo tanto, débil. Finalmente, sólo en la medida en que capta la realidad, puede hacer suyo este mundo; si vive de ilusiones, no modificará nunca las condiciones que esas ilusiones requieren.

La salud mental se caracteriza por la capacidad de amar y de crear, por la liberación de los vínculos incestuosos con el clan y el suelo, por un sentimiento de identidad basado en el sentimiento de sí mismo como sujeto y agente de las propias capacidades, por la captación de la realidad interior y exterior a nosotros, es decir, por el desarrollo de la objetividad y la razón.

Cualquier hombre procedente de una fase primitiva de cultura alcanzaría la perfección del hombre en la cima de su evolución, siempre que se le ofrecieran las condiciones culturales para esa madurez.

…Si el individuo no ha desarrollados su razón y su capacidad de amor, es incapaz de soportar el peso de la libertad y de la individualidad, e intenta huir hacia ataduras artificiales que le proporcionan la sensación de vinculación y arraigo. En la actualidad, toda regresión desde la libertad hacia un arraigo artificial en el estado o en la raza es síntoma de enfermedad mental, ya que tal regresión no corresponde a la fase evolutiva ya alcanzada y tiene por consecuencia fenómenos indiscutiblemente patológicos.

La civilización, para Freud, es el producto de la frustración de los instintos y, por lo tanto, la causa de las enfermedades mentales.

Carácter social, núcleo de la estructura de carácter compartida por la mayoría de los individuos de la misma cultura, a diferencia del carácter individual, que es diferente en cada uno de los individuos pertenecientes a la misma cultura.

La función del carácter social consiste en moldear y canalizar la energía humana dentro de una sociedad determinada a fin de que pueda seguir funcionando aquella sociedad.

En realidad, parece que, no obstante la prosperidad material y libertad política y sexual, el mundo de mediados del siglo XX está mentalmente más enfermo que el de mediados del siglo XIX. Ciertamente, “no corremos peligro de convertirnos en esclavos, sino de convertirnos en autómatas”, como dijo Adlai Stevenson de manera tan concisa.

Cada una de tus relaciones con el hombre y con la naturaleza tiene que ser una expresión definida de tu vida real, individual, correspondiente al objeto de tu voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor como tal no produce amor, si mediante una expresión de vida como persona amante no haces de ti mismo una persona amada, entonces tu amor es impotente, es una desgracia.

Consumire s esencialmente satisfacer fantasías artificialmente estimuladas, una creación de la fantasía ajena a nuestro ser real y concreto

…Con una multitud de mercancías crece el campo de las cosas ajenas que esclavizan al hombre.

El acto de comprar y consumir se ha convertido en una finaldad compulsiva e irracional, porque es un fin en sí mismo, con poca relación con el uso o el placer de las cosas compradas y consumidas.

¿Cuál es la relación con sus semejantes del hombre moderno?
Es una relación entre dos abstracciones, entre dos máquinas vivientes que se usan recíprocamente.
Todo el mundo es una mercancía para todo el mundo, tratada siempre con cierta amistad, porque si no es usada ahora puede serlo más tarde.

El hombre sólo puede realizarse a sí mismo si está en contacto con los hechos fundamentales de su existencia, si puede experimentar la exaltación del amor y de la solidaridad lo mismo que el hecho trágico de su soledad y del carácter fragmentario de su existencia.

Aunque Adam Smith creía que esta necesidad de cambio era parte integrante de la naturaleza humana, en realidad es un síntoma de la abstratificación y la enajenación inherentes al carácter social del hombre moderno.

Marx – el hombre en la sociedad capitalista “El tiempo lo es todo; el hombre no es nada, no es más que el esqueleto del tiempo.”

¿Quién puede decir si un momento feliz de amor, o la alegría de respirar o pasear en una mañana brillante y de aspirar el aire fresco, no vale por todos los sufrimiento y el esfuerzo que la vida supone? La vida es un regalo y una incitación únicos, que no pueden medirse por ninguna otra cosa, y no puede darse ninguna contestación razonable a la pregunta de si “vale la pena” vivirla, porque la pregunta no tiene sentido.

… el fin de la vida es desenvolver el amor y la razón del hombre, y que todas las otras actividades humanas tienen que subordinarse a ese fin.

¿Cómo puede, además, desarrollarse la conciencia cuando el principio de la vida es la conformidad? La conciencia es, por su misma naturaleza, disconforme, debe poder decir no, cuando todos los demás dicen sí; y para decir ese “no” tiene que estar cierta de la rectitud del juicio sobre el cual se basa el no.

El carácter enajenado y profundamente insatisfactorio del trabajo produce dos reacciones: una, el ideal de la ociosidad total; otra, una hostilidad  hondamente arraigada, aunque inconsciente muchas veces, hacia el trabajo y hacia todas las cosas y personas relacionadas con él.

Si uno no puede obra efectivamente, tampoco puede pensar productivamente.

No podemos estar seguros de las consecuencias de nuestros mejores esfuerzos. El resultado depende siempre de muchos factores que escapan a nuestra capacidad de control.

La tarea psíquica que una persona puede hacer en favor suyo no es sentirse segura, sino ser capaz de tolerar la inseguridad sin pánico ni miedo indebido.

El hombre libre es por necesidad inseguro; el hombre que piensa es por necesidad indeciso.

El hombre mode

no está esencialmente solo, tiene que sostenerse sobre sus propios pies y valerse por sí mismo. Puede conseguir la sensación de seguridad solamente desarrollando la entidad única y particular que es “él” hasta un punto en que verdaderamente pueda decir “yo soy yo”.

Este resultado es posible únicamente si desarrolla sus capacidades activas en tal medida que pueda relacionarse con el mundo sin tener que sumergirse en él; si puede lograr una orientación productiva.

Con objeto de protegerse contra el peligro de sufrir por amor, el hombre, pero sólo una “pequeña minoría”, puede transformar las funciones eróticas del amor transfiriendo “el principal valor del acto de ser amado a su propio acto de amar” y “consagrando su amor no a objetos individuales, sino a todos los hombres por igual”. De esta suerte, “evitan las incertidumbres y desengaños del amor genital apartándose de su finalidad sexual y modificando el instinto en un impulso con un objetivo inhibido…

La salud mental  es para Freud la plena satisfacción de la capacidad de amar, que se logra si el desarrollo de la libido ha alcanzado la etapa genital.

¡Alimente usted el amor, como alimenta usted la seguridad, el conocimiento y todo lo demás y tendrá usted una persona feliz!

La salud mental, en el sentido humanista, se caracteriza por la capacidad para amar y para crear, por la liberación de los vínculos incestuosos con la familia y la naturaleza, por un sentido de identidad basado en el sentimiento del yo que uno tiene como sujeto y agente de sus potencias, por la captación de la realidad interior y exterior a nosotros, es decir, por el desarrollo de la objetividad y la razón.

La persona mentalmente sana es la que vive por el amor, la razón y la fe, y que respeta la vida, la suya propia y la de su semejante.

“¿Tendrá el hombre de hoy fuerza para hacer lo que el espíritu demanda de él y que la época probablemente querrá impedir?

EINSTEIN El hombre puede encontrarle sentido a la vida, aun siendo como es corta y peligrosa, únicamente consagrándose s la sociedad.

El hombre es el fin, y no debe ser empleado nunca como un medio; la producción material es para el hombre, no el hombre para la producción material; la finalidad de la vida es el despliegue de las potencias creadoras del hombre; la finalidad de la historia es la transformación de la sociedad en otra gobernada por la justicia y la verdad: ésos son los principios en que, explícita o implícitamente, se basaban todas las críticas contra el capitalismo moderno.

LINCOLN El desenvolvimiento del individuo sólo puede tener lugar en el juego de la dura competencia por la vida.

“El egoísmo es la fuerza motriz que hace a la especie humana lo que es, para bien o para mal. Por consiguiente, es la fuerza de que dependemos, y que debemos guiar adecuadamente, si la especie humana ha de progresar.”

El hombre libre es el hombre rico, pero no el hombre rico en el sentido económico, sino en el sentido humano. Para marx, el hombre rico es el que es mucho, no el que tiene mucho.

Para Marx, el socialismo es “una asociación en que el desenvolvimiento libre de cada uno es la condición básica para el desenvolvimiento de todos”,

La indolencia, lejos de ser normal, es un síntoma de desarreglo mental.

Lucharás ante todo contra ti mismo, contra todos los vicios que degradan al hombre, contra todas las pasiones que lo esclavizan y son nocivas para la vida social: orgullo, avaricia, lujuria, codicia, glotonería, ira, pereza.
“Mantendrás que hay bienes que valen más que la vida misma: la libertad, la dignidad humana, la verdad, la justicia…”

LIBERTAD
Un hombre no puede ser verdaderamente libre, sino con tres condiciones:
Libertad económica.
Libertad intelectual.
Libertad moral.

En suma, nuestros hábitos de derroche revelan un olvido infantil de las realidades de la vida humana, de mucha económica por la existencia que nadie puede rehuir.

El capital debe servir al trabajo, las cosas deben servir a la vida. En vez de la orientación explotadora y acumulativa, predominante en el siglo XIX, y de la orientación receptiva y mercantil predominante en la actualidad, debe ser la orientación productiva el fin al cual sirvan todos los dispositivos sociales.

…El destino del hombre es que su existencia se vea acosada por contradicciones que tiene que resolver sin llegar nunca a resolverlas.

Erick Fromm- psicoanálisis de la sociedad contemporánea

Lo inconsciente social – Erick Fromm

El hombre es una totalidad y tiene la necesidad de estar relacionado con el mundo.

El hombre se entiende, ante todo, como ser social; lo inconsciente interesa en primer lugar como lo inconsciente social y lo reprimido social; los impulsos del hombre obedecen a lo contradictorio, específicamente humano, de su situación, que se manifiesta en una necesidades solamente peculiares suyas, y cuya satisfacción obtiene siempre en modo social.

Descubrimientos más importantes de la doctrina de Freud:
1. El hombre está determinado en gran medida por instintos que son esencialmente irracionales, que chocan con su razón, sus normas morales y las normas de su sociedad.
2. La mayoría de estos instintos no le son conscientes. El se explica su acción como una consecuencia de motivos razonables (la “justifica”), mientras que obra, siente y piensa obedeciendo a las f

uerzas inconscientes que mueven su conducta.
3. Toda tentativa de llevar a su conciencia la existencia y la acción (de estos impulsos inconscientes) choca con una defensa enérgica, una resistencia, que puede tomar muchas formas.
4. Aparte de esta dotación constitucional, el desarrollo del hombre está determinado en gran medida por las circunstancias de su niñez.
5. Los móviles inconscientes del hombre pueden reconocerse por deducción (interpretación) de sus sueños, síntomas y actos triviales indeliberados.
6. Los conflictos entre la idea consciente que tiene el hombre de sí mismo y de las cosas, por una parte, y las fuerzas que lo mueven inconscientemente, por otra, en caso de alcanzar una intensidas que pase de cierto límite, pueden provocar perturbaciones mentales como una neurosis, rasgos de carácter neuróticos, o un estado general, difuso, de indiferencia, angustia, depresión, etc.
7. Si las fuerzas inconscientes se hacen conscientes, este cambio tiene un efecto particularísimo: el síntoma suele desaparecer, hay un aumento de energía y se vive con más alegría y libertad.

Es hombre libre el que se conoce a sí mismo, pero de una manera nueva: habiendo atravesado la capa engañosa de la mera conciencia y comprendiendo la realidad oculta en su interior.

Los primeros descubrimientos de Freud históricamente importantes fueron: 1) la existencia de poderosas fuerzas irracionales que mueven al hombre: 2) el carácter inconsciente de estas fuerzas: 3) su función patógena (en ciertas circunstancias): y 4) el efecto de curación y liberación de hacer consciente lo inconsciente.

Estaban convencidos de que el mundo progresaba cada vez más  que incluso los obstáculos y los inconvenientes habrían de convertirse en ventaja.

Para

el romanticismo, lo irracional no es algo fuera de razón que se deba comprender para supera

r, sino, por el contrario, la fuente de la sabiduría, que se debe estudiar, comprender y apropiar para enriquecer y profundizar la vida.

Todo pensador creativo descubre más de lo que puede darse cuenta y es capaz de expresar.

La 《esencia》 del hombre es un conflicto que sólo existr en él: la oposición entre ser de la Naturaleza, estando sujeto a todas sus leyes y, al mismo tiempo, trascender la Naturaleza, porque el hombre, y sólo él, es consciente de sí y de su existencia; es, de hecho, en la Naturaleza el único caso en que la vida se ha hecho consciente de sí.

Lo que el hombre puede hacer de sí mismo y lo que puede desear son las diversas posibilidades derivadas de su esencia, que no es otra cosa sino su conflicto existencial-biológico y psíquico.

El hombre necesita del mundo porque sin el mundo él no puede ser.

Lo que importa es comprender la cualidad de la experiencia sexual. La satisfacción sexual se ha convertido, en gran medida, en un artículo de consumo, con las características de cualquier otro consumo moderno, al que mueven, sobre todo, el aburrimiento, la depresión oculta y la angustia, siendo el acto de la satisfacción en sí vano y superficial.

Unicamente el pleno desarrollo de todas sus potencialidades puede capacitarlo para encarar su real desamparo sin buscar refugio en la《fantasía paradisíaca》.

Cuanto más poderoso se haga el ídolo, tanto más se empobrecerá la persona. Sólo estando en relación con el ídolo puede tratar de mantenerse en relación consigo misma. El ídolo, obra de sus manos y de su fantasía, la supera y la domina.

El fenómeno de la transferencia debe entenderse como manifestación de que, en lo hondo de su inconsciente, la mayoría de los hombres se sienten como niños y, por tanto, anhelan una figura poderosa en la que confiar y a la cual rendirse.

…este anhelo no es necesariamente -y nunca exclusivamente- la reproducción de una experiencia infantil, sino que forma parte de la 《condición humana》.

La necesidad de impotencia y, por tanto, la necesidad de ídolos es menos intensa cuanto más logre una persona deber su existencia a sus propios esfuerzos activos; cuanto más desarrolle su capacidad de amor y razón; cuanto más tenga un sentimiento de identidad, no transmitido por su papel social, sino arraigado en la autenticidad de su ser; cuanto más sepa dar y más relacionado esté con otros sin perder su libertad e integridad; y cuanto más conozca su inconsciente, de modo que nada humano en sí mismo y en los demás le sea ajeno.

…Pero, ¿no es verdad que el infantilismo está destinado a ser superado? El hombre no puede permanecer enteramente niño, a la postre tiene que lanzarse fuera, a la “vida hostil”. Puede llamarse a esto “educación para la realidad”.

La cuestión verdadera es por qué se reprimrn ciertas cosas y a qué se deben las respectivas diferencias dr rigor de la represión.

Como la vida del hombre se ha dedicado sobre todo a la lucha por la existencia, se ha llamado《conciencia》 la relativa a esta finalidad de existir y se ha considersdo que la otra conciencia, la totalmentr liberada de obligaciones externas, es lo inconsciente. En realidad, ambas son modos completamente distintos de lógica y experiencia, que dependen de dos modos distintos de ser y actuar. Lo《inconsciente》se presenta como arcaico, irracional y punitivo únicamente desde el punto de vista vulgar, o sea, del pensamiento relativo a la acción práctica. Desde el punto de vista de la libertad, no es ni una pizca menos racional ni ordenado que la conciencia.

No estamos enterados de que el amor y la libertad son abstracciones, que no podemos《tenerlos》, sino que sólo podemos amar y liberarnos, cosa que no hacemos.

Saber lo que no somos es menos espantoso que enterarnos de lo caótico inconsciente, pero sigue siendo muy incómodo. Inconsciencia equivale a desconocimiento de la verdad. Llegar a conocer lo inconsciente significa descubrir la verdad.

…La verdad no es una afirmación definitiva sobre algo, sino un paso en el camino del desengaño. El conocimiento de lo inconsciente llega

a ser un elemento esencial de la búsqueda de la verdad y, la educación, una acción de desengaño.

RONALD D. LAING:《La psicoterapia debe ser el decidido intento de dos personas de recuperar la integridad de lo humano mediante la relación entre ambas》. Y declara:《La relación terapéutica con un objeto que modificar, en vez de con una persona que aceptar, no hace sino perpetuar la enfermedad que pretende curar》.

En contra de esta moda del《hablar de》, creo que el estar en silencio y concentrad, y queriendo traer lo inconsciente a la conciencia puede dar mejor resultado que el estar hablando constantemente con los demás. La solución ideal quizás esté en la posibilidad de comunicarse tranquilamente con otra persona, que, si dice algo, sea para hacer unss cuantas preguntas y manifestar lo que entienda de la comunicación inconsciente: es como debiera ser la situación en la terapia psicoanalítica.

E. Fromm: Estoy convencido de que la investigación en el terreno de la psicología social analítica puede contribuir en gran manera a identificar los elementos patológicos de una sociedad enferma y los factores sociales patógenos que producen e incrementan la《patología de la normalidad》.

La ambición, la envidia, la ira, la avaricia y la codicia (los pecados clásicos, que en la terminología freudiana son consecuencia de anhelos pregenitales) estorban la plena relajación. El problema《espiritual》, del ser, frente a la pasión de tener, no puede separarse del de la plena relajación.

La forma del cuerpo, la postura, el paso, los gestos, las expresiones faciales y la manera de respi

rar y hablar dicen tanto, o más, sobre lo inconsciente de una persona que casi cualesquiera otros datos de los que suele emplear el psicoanálisis.
En sus movimientos físicos, no sólo se ve el carácter de una persona -en especial, sus aspectos inconscientes-, sino también aspectos particularmente importantes de perturbaciones neuróticas.

Georg Groddeck aseguraba que lo inconsciente se comprendía mejor entendiendo el cuerpo como símbolo del alma.

Esta comunicación sólo es posible si él siente en sí mismo lo que sucede en el paciente, no si se enfrenta a él sólo cerebralmente: viendo, viendo y viendo, y pensando lo poquísimo que sea absolutamente necesario; y además, si renuncia al espejismo de que él está 《bien》y el paciente está 《enfermos》. Ambos son hombres, y si la experiencia del paciente, incluso del más enfermo, no toca una fibra vital del analista, no podrá éste comprender al paciente.

El paciente no 《tiene》un problema: es una persona que sufre por su modo de ser.

El conocimiento reconstruido no tiene efecto curativo, y no es más que la aceptación intelectual de hechos y teorías reales o supuestos. Desde luego, si se transmite, franca o implícitamente, la sugestión de que el conocimientode estos hechos curará el síntoma, el poder de la sugestión -justo como un exorcismo- quizá produzca una 《curación》, aunque no analítica.

No es el pasado en sí lo interesante para el psicoanálisis, sino el pasado en tanto está presente.
Mirando principalmente al pasado, y esperando que el presente sea repetición suya, se tiende a simplificar demasiado y a no tener en cuenta que mucho de lo que parece ser repetición no lo es, y que lo reprimido ahora es toda una trama, un《plan oculto》que determina la vida de una persona, no singulares hechos sensibles, como el miedo a la castración, el apego a la madre, etc.

Lo que hace tan difícil el éxito es precisamente esta necesidad de dolorosa modificación de la forma de vida.

Sólo hay un medio para vencer la locura potencial: la plena conciencia de sí mismo.

El yo es el que puede decir, con Goethe:《Lo he abandonado todo; por eso, el mundo es mío.》Entonces, la vida no puede evitarnos, porque《la vida que trato de comprender es el yo que trata de comprenderla》(Ronald D. Laing)

Budismo Zen:《Primero, las montañas son montañas y los ríos son ríos; después, las montañas no son montañas y los ríos no son ríos; finalmente, las montañas son montañas y los ríos son ríos.》
Daisetz T. Suzuki:《El iluminado anda por la tierra, sólo que unos centímetros por encima》.

El goce sexual se considera como un derecho incondicional e inalienable de toda persona.

El consumo es la forma enajenada de estar en relación con el mundo: hacer del mundo un objeto de mi codicia, no de mi interés y preocupación.

El sadismo es una forma de intensa relación personal, por la que el sádico necesita hacerse dueño de otra persona para completarse, es decir, que se trat de una relación simbiótica. Quiere y necesita al otro apasionadamente, pero no amatoriamente…Se apega ansiosamente al otro, a su propia manera sádica. Es éste el motivo por el cual el sadismo, como otras formas de apego intenso, incita fácilmente la sexualidad genital y se mezcla con ella.

Marcuse《Lo esencial de la sexualidad polimorfa es que el hombre, para llegar a ser plenamente él mismo, tiene que regresar, volviendo a ser niño, y que esta regresión ha de manifestarse en un nuevo florecimiento de la sexualidad pregenital.

Para Marcuse, la liberación de la explotación y de la autoridad irracional se acompaña de la liberación de la sexualidad,《constreñida por la supremacía genital, en erotización de la personalidad entera》

Según Marcuse《La reactivación de la sexualidad polimorfa y narcisista deja de ser una amenaza a la cultura y puede llevar por sí misma a la constitución de una cultura si el organismo no existe como una herramienta de trabajo enajenado, sino como sujeto de la realización de sí mismo: con otras palabras, si el trabajo socialmente útil es al mismo tiempo la satisfacción nítida de una necesidad individual.

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Lo inconsciente social – Erick Fromm

John Forrester – Seducciones del psicoanálisis: Freud, Lacan y Derrida

Cualquiera que trabaje dentro de una cultura (el cine y la teoría de los medios de comunicación de masas; el feminismo y el tema del género en la sociología, la antropología y la psicología) se encontrará con estos movimientos y será transformado por ellos, aunque navegue contra la corriente.

Una de las paradojas de la postura pública del psicoanálisis, tanto en la teoría como en la práctica, es que atrae y rechaza, seduce y dice no.

El sujeto… empieza su análisis hablando de sí mismo, sin hablarle a usted, o hablándole a usted sin hablar de él. Cuando pueda hablarlr a usted de sí mismo el análisis habrá terminado.

¿Debe seducir, si con ello se logra la curación?

Versos de Heine citado por Freud:
“Rara vez me comprendieron y pocas los comprendí a ustedes. Sólo cuando nos encontramos en la mierda nos comprendimos al instante.”

Como quiera que sea, se paga por el consejo y ese pago asegura la libertad para ignorarlo.

El éxito de una psicología de la hipnosis revelaría que siempre el médico era efectivo sólo en la medida en que fuera inmoral.

…una ligera mezcla de “estima esclusiva y obediencia crédula”.

De la séduction, Jean Baudrillard presenta una filosofía de la seducción, cuyos temas principales son:
La seducción es un juego sobre la apariencia de las cosas, pero no trata de desvanecer la apariencia en aras de una realidad que estæ más allá. Por el contrario, reside en las apariencias, burlándose de la idea de una realidad más allá de éstas. La seducción es el manejo de los signos, en contraste con el poder, que es el manejo de la realidad.
La seducción es un juego, un reto, una estrategia de apariencias.
La seducción es ritual, en contraste con el naturalismo de la sexualidad moderna.
Braudrillard insiste en que el deseo sexual “desnudo” aparece a expensas de la seducción.
Por consiguiente, hay dos sentidos principales en la seducción: primero, su oposición a la sexualidad naturalista y, segundo, su falta de determinación de todo discurso dirigido a la verdad o que pueda penetrar a través del velo de la ilusión y del disimulo para apropiarse de la verdad (identificada con lo real).
Sin embargo, la seducción no solamente juega con la verdad, sino que es un reto a nuestra idea de libertad.
Nuestro ideal del amor requiere de una perfecta libertad, un libre albedrío y, sin embargo, no se consideraría como amor si en él no interviniera la ceguera del deseo, la esclavitud que sentimos como consecuencia de la pasión.

La seducción es, por lo tanto, la interposición de la libertad y de la esclavitud en la esfera del amor.

Ni se quedan desilusionadas, porque tiene para todas. Halagos, suspiros, miradas audaces, suaves roces de mano, suspiros secretos, proximidad peligrosa, alejamiento fascinante y, sin embargo, éstos solamente son los misterios menores.

Este futuro que al soñante le parece presente es creado a imagen y semejanza de aquel pasado por el deseo indestructible.

Tanto Aristóteles como Freud consideran estas coincidencias notables como hechos empíricos que deben tenerse en consideración en cualquier descripción de los asuntos de los seres humanos.

La neurosis, los síntomas del paciente, son una versión incomprensible de la historia de la vida de la persona que se identifica con ella; es una versión del futuro, basada en la premisa de que el paciente es alguien distinto de quien es.

Lacan: La única meta del análisis es el advenimiento de un relato verdadero y la comprensión del sujeto de su propia historia en su relación con un futuro.

El propósito del psicoanálisis es deshacer estas identificaciones. En este sentido, su propósito es desescribir el futuro, que el neurótico experimenta como si ya estuviera escrito y estructurado por laa palabras y los hechos con los que se ha identificado. Para Freud, esta clase de futuro es un página en blanco con escritura invisible.

La principal característica de universo paranoico es que en él no hay lugar para el futuro, no hay lugar para maniobrar, lo que sólo deja la opción del apocalipsis para marcar la diferencia entre el ahora y lo que vendrá.

El propósito del análisis es, basándose en las premoniciones, en las profecías, en lo que sea, describir el futuro, borrarlo.

Pasado el tiempo para comprender el momento de concluir, es el momento de concluir el tiempo para comprender. Porque de otra manera, este tiempo perdería su sentido.

Pasaje célebre “Freud, Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)”:
El lego hallará difícil concebir que unas perturbaciones patológicas del cuerpo y del alma pueden eliminarse mediante “meras” palabras del médico. Pensará que se le está alentando a creer en ensalmos. Y no andará tan equivocado; las palabras de nuestro hablar cotidiano no son otra cosa que unos ensalmos desvaídos. Pero será preciso emprender un largo rodeo para hacer comprensible el modo en que la ciencia consigue devolver a la palabra una parte siquiera, de su prístino poder ensalmador.

Descubrimiento de Freud: los síntomas son simbólicos (símbolos mnémicos) y que representan pensamientos y recuerdos reprimidos, indica que los síntomas (y por inferencia, el inconsciente) están estructurados linguísticamente. Así, la clave para que revelen si singnificado se encuentra en el proceso de transferencia durante el cual el discurso del paciente traduce poco a poco los síntomas, las fobias y los patrones de conducta, así como los rasgos del carácter, en la palabra dirigida al analista y que lo involucre. Lo que conteste el analista, ya sea una respuesta inesperada u oportuna que afecte o sorprenda al analizado (que le provoque risa, lágrimas, indiferencia o que lo haga decir alguna palabra amable), es lo inconsciente: el inconsciente es el discurso del otro.

No se puede sacar una frase de su contexto; su significado depende de ese contexto.
No se puede leer un artículo sin antes cerciorarse del problema conceptual o dificultad práctica más general al que responde.

Lacan: el verdadero campo de la acción psicoanalítica es el mundo del deseo, que crea el lenguaje al transformar la necesidad en deseo como respuesta a las demandas de amor insatisfechas de la madre.

Tanto los animales como el hombre tienen una propensión común a dejarse engañar por una imagen: de hecho, la vida sexual se caracteriza únicamente por la fuerza centrípeta de la imagen.

La palabra no es la cosa, sino un destello en cuya luz percibimos la cosa. Diderot

Se podría concluir que, en la medida en que una cultura esté imbuida de psicoanálisis al grado de que adopte la forma paranoide de un sistema de conocimiento, esa cultura se volverá inmune a los efectos específicamente psicoanalíticos del psicoanálisis.

El objetivo del psicoanálisis es la transformación del sujeto. Su objetivo es lograr “la palabra plena”, que a veces se equipara a la palabra fundante en los textos de Lacan:
La palabra plena es la que apunta, la que forma la verdad tal y como ella se establece en el reconocimiento del uno por el otro.

La invocación no es una fórmula inerte. Mediante ella hago pasar al otro mi propia fe.

Cada sujeto no sólo tiene simplemente que tomar conocimiento del mundo, como si todo transcurriera en un plano de motivación, además tiene que situarse en él. Si algo significa el psicoanálisis, es que el sujeto ya está metido en algo que tiene relación con el lenguaje sin serle idéntico, y que tiene que reconocer su sitio en él: el discurso universal… Señaló muchas veces que desde antes de su nacimiento el sujeto ya está situado, no solamente como emisor sino como átomo del discurso concreto. El sujeto está en línea de danza de ese discurso, él mismo es, si quieren, un mensaje.

La transferencia eficaz de la que hablamos es, simplemente, en su esencia, el acto de la palabra. Cada vez que un hombre habla a otro de modo auténtico y pleno hay, en el sentido propio del término, transferencia, transferencia simbólica: algo sucede que cambia la naturaleza de los dos seres que están presentes.

¿el deseo de que alguien más tome la iniciativa es lo mismo que tomar la iniciativa, mientras se rechaza la responsabilidad?

…”Después que al día siguiente lo compromete a la única condición de la cura -la de decir todo cuanto se le pase por la cabeza…”

Sabía que así es como actúa el analista y que así es como el analista hace que funcione el análisis: induciendo la neurosis de la transferencia, induciendo la reorganización del discuro universal del paciente alrededor de la figura del analista.

La capacidad del otro para escuchar todo, que es la condición del tratamiento psicoanalítico, no puede eliminarse por el hecho de que yo te libere del compromiso. Soy impotente respecto a esta función del oído universal que creamos cuando te comprometiste…

Lo que espero haber demostrado es que lo que hace el psicoanalista al manejar la transferencia es el fácil manejo de los actos distorsionados de la palabra, de la palabra fundante que no está allí.

Si escapa al tiempo, ¿a qué registro del orden de las cosas pertenece el deseo indestructible?, pues, ¿qué es una cosa si no lo que dura, idéntico por un tiempo? ¿No hay sobradas razones para distinguir aquí junto a la duración, sustancia de las cosas, otro modo del tiempo, un tiempo lógico?

Como diría Freud, haciendo que no suceda nada y deshaciendo lo que se hizo: “como si nada hubiera acontecido, cuando en la realidad efectiva acontecieron ambos.”

“Lo que usted está diciendo es tan importante -porque es tan estéril y carente de importancia- que tenemos que oír más de ello, mucho más de lo que usted pensó que tendría yo que oír, teniendo en cuenta el reloj.”

Así es como el analista le demuestra al sujeto que el “¿y entonces?” del tiempo de la narración se refleja en el “¡Oh, nada!” del tiempo obsesivo y puede parodiarse para ventaja y satisfacción de todos.

Todos los analistas le dan una gran importancia a todo lo que, en el curso de la sesión, aclara de pronto lo que se dijo al principio de ella. A veces se puede compartir con el paciente; pero si no se quiere llamar su atención de manera demasiado obvia, uno se limita a terminar la sesión en ese momento, considerando que el ocultar su importancia bien vake una puntuación. Sobre todo porque es más frecuente que nada que tenga que ver con la transferencia.

A menos que la fórmula “el inconsciente no conoce la negación” quiera decir: no conoce la negación porque es la necación… Y es la negación en la medida en que su propia constitución, como sistema heterogéneo, es correlativa a la pérdida, a la ausencia y a la negación del objeto de la satisfacción.

El análisis no exige más actividad del paciente que su presencia puntual a la hora del tratamiento; con excepción de esto, no se ejerce influencia alguna sobre el modo de vida general…

Abraham – Discurso sobre los traumas y secretos.
“Los histéricos son esas personas interesantes a las que siempre les sucede cosas.”
(“La experiencia de traumas sexuales es una forma de actividad sexual”). Podríamos definir a los obsesivos como personas que se dedican a causar molestias a los que nunca les sucede nada.

Cualquier falla para reconocer el peligro común se trata, como siempre en psicoanálisis, como una resistencia.

…el individuo se diferencia a sí mismo del resto de la colectividad, pero sólo al especificar y reconocer los lazos que tiene con los demás.

El sofisma de Lacan, la espera es un momento lógico necesario para llegar a una decisión correcta que se manifiesta como un acto.

¿Era el recuerdo del trauma lo que era traumático o lo era el recuerdo en sí mismo, el acto de recordar: el recuerdo como trauma?

Había algo específico y propio de los sucesos traumáticos en sí mismos que permitía la posibilidad de ser recordados de tal manera que produjeran los síntomas neuróticos, y los procesos de recodar y de no recordar eran en sí mismos causas patológicas.

La histeria es la consecuencia de un espanto sexual presexual. La neurosis obsesiva es la consecuencia de un placer sexual que después se mudó en reproche.
“Presexual” significa, en rigor, anterior a la pubertad, anterior a la desligazón de las sustancias sexuales, los acontecimientos pertinentes producen efecto sólo como recuerdos.

“El verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se presenta la oportunidad de recibir una bofetada”

Dos razones: o “que un recuerdo despierte un afecto que como vivencia no había despertado” o “toda persona… tiene huellas mnémicas que sólo pueden ser comprendidas con la emergencia de sensaciones sexuales propias”.
El psicoanálisis se ocupa de los accidentes: su campo de acción, según Freud, es “lo azaroso dentro de la legalidad del destino”, el funcionamiento del “destino accidental”, del destino y el azar.

En psicoanálisis encontramos que no estamos tratando con una disposición, sino con infinidad de disposiciones que se desarrollan y se fijan por un destino accidental. La disposición es, por decirlo así, polimorfa…

Acaso sea en general dudoso que poseamos unos recuerdos consecuentes de la infancia, y no más bien, meramente, unos recuerdos sobre la infancia.

Este reconocimiento da la más amplia dimensión a una visión de que el psicoanálisis no es sólo un intento para olvidar el pasado, sino que también es una maniobra, si no es que una manipulación, del pasado.

Nada es más estúpido que el destino humano; su único sentido es engañarnos siempre.

“Uno no tiene que comprender lo que aflora desde el inconsciente  con el auxilio de lo antecedente, sino de lo subsiguiente.”

Ver la creación del mundo del carácter de una persona como lo extraído de la cabesa del dios, que es una limitación autoimpuesta, la autonegación: un modelo (neoplatónico) que Michael Balint utilizó para describir todos los rasgos de carácter como consecuencias de una limitación de la capacidad para el amor y la alegría, una restricción de la plenitud subjetiva “original”.

El análisis busca las intenciones que hubieran determinado la buena fortuna, o la mala, del sujeto, si se hubieran podido reconocer como tales.

Los sueños se apartan llamativamente de nuestro pensamiento de vigilia y engendran en nosotros la necesidad de explicarlos.

Lo que se actúa es una repetición. Pero ése es el único modo de avanzar en el análisis, avanzar dentro de la neurosis de transferencia, avanzar hacia lo real, que siempre se evita.

Lacan recuerda a los analistas que la interpretación es un acto; el acto que empieza y termina la sesión es el de puntuar el discurso del sujeto, la totalidad de lo que hacen y dicen el analista y el sujeto tiene un significado analítico. Al final, podrían hacer algo peor que llegar ambos a la puerta con las mismas razones para concluir.

Si los rumores y los chismes pueden sustituir al análisis, si pueden realizar lo mismo que el análisis, ¿cómo vamos a hacer para mantener una distinción clara entre ambos?

Lacan, teoría del proceso por el cual el candidato pasa a través del espacio del análisis de ser el analizado, a ser el analista.

Todos sentimos que el chisme es peligroso, ilícito y excitante, pero para analistas y analizados, ese peligroso placer se combina con el reconocimiento de que el chisme se parece notablemente al análisis, tanto en su poder de revelación de la verdad como en su revelación del poder de la verdad.

La regla fundamental del análisis tiene como su estricto corolario que el paciente no haga caso de las preguntas sobre la procedencia de los pensamientos que tiene.

El analista sólo se hace eco del chisme que vive en el sujrto sin que él lo sepa.

Si el texto nos interesa es porque nos interesa lo que nos dice a nosotros, no por lo que nos puede decir acerca de su autor.

Es el lector quien es objeto sexual del texto: es muy sencillo, la lectura está siendo seducida por el texto.

Lo sexual es lo que no se puede representar, pero esta imposibilidad es lo que hace necesario seguir intentando representarla.

Introduciré ahora dos frases clave del vocabulario del jugador. La primera frase es, “no perder la cabeza”. La segunda frase es: “atreverse a decidir”.

“¡Sí! Bastaría ser prudente y paciente una sola vez

mi vida, y eso es todo. Bastaría una sola vez tener carácter y, en una hora, podría cambiar todo mi destino!
Y este momento, este momento intemporal  la hora del destino, es siempre mañana, “mañana”, ¡todo habrá terminado…!

Un síntoma neurótico ofrece una respuesta a un angustioso dilema en el dominio del amor.

El pe

rverso coloca un objeto impersonal entre su deseo y su cómplice; este objeto puede ser una fantasía estereotípica, un artefacto o una imagen pornográfica. Las tres alejan al perverso de sí mismo tanto como ¡ay! del objeto del deseo.

Tranferencia lacaniana, que se moviliza en el mismo acto de decir por la propia estructura de la palabra.

El amor es el complemento prometido del texto: lo que se promete como su después  una vez que se ha cerrado el libro. Tal como funcionó para Dostoievski, la historia puede funcionar para el lector: el efecto de transferencia de la taquígrafa.

Tres problemas tradicionales:
1. ¿Cuáles son nuestras relaciones con la verdad a través del saber científico, con esos “juegos de la verdad” que son tan importantes en la civilización y en los que somos a la vez sujeto y objeto?
2. ¿Cuáles son nuestras relaciones con los demás por medio de esas extrañas estrategias y esas relaciones de poder?
Y 3. ¿Cuáles son las relaciones entre la verdad, el poder y el yo?
…¿Qué podría ser  más clásico que estas preguntas, y más sistemático que la evolución a través de la primera, de la segunda y de la tercera preguntas y de vuelta a la primera? Aquí es precisamente donde estoy.
Michael Foucault

Cuando se publicó La volonté de savoir, aparentemente, el psicoanálisis era la más grande y pura de las herramientas para generar el saber y el poder, la disciplina confesional moderna par excellence, generadora de un discurso que proclama de manera evangélica que la verdad del sujeto ha de encontrarse en su discurso secreto sobre la sexualidad.

Foucault mencionó que haber leído a Lacan le enseñó que “el uso aparentemente directo del pronombre ‘yo'” disfrazaba el hecho de que el sujeto es, en realidad, “una cosa frágil y compleja, de la que es muy difícil hablar y sin la cual, sin embargo, no es posible hablar”.

Como dice Foucault: “[el ser humano] con su poder de darse representaciones, surge en un hueco creado por los seres vivos  los objetos de cambio y las palabras…”

El argumento, sintetizado, es el siguiente: al dar origen al individuo, los profesionales del hombre instauraron una verdad dentro del él como el centro de su ser: su sexualidad. Precisamente este secreto es el que debe buscarse siempre, si se quiere conocer a los seres humanos. Y creemos, como objetos de esta compulsión por revelar nuestras verdades secretas, que nunca se puede decir lo suficiente, que somos, por necesidad, demasiado tímidos, temerosos, ansiosos o suspicaces. Siempre se nos oculta lo esencial.

El psicoanálisis aparece como la forma moderna y purificada de la confesión y representa, más que ninguna otra disciplina, la concepción de que la verdad del hombre es un secreto sexual, de que nuestra verdad está encarnada en un cuento de dos cuerpos: el mío y el del otro.

Debemos prescindir de la fe humanista de que la verdad está del lado de la libertad y por encima de las manifestaciones brutales de poder, para sustituirla por la idea de que la verdad y el poder no pueden separarse, que la dominación produce la verdad al igual que la verdad produce la dominación.

Reconocida como la regla fundamental: di lo primero que se te venga a la mente.

“Todo que se oculta probablemente sea sexual”
(Es el método práctico con el opera el psicoanalista)

Todos nosotros estamos sujetos a experimentar esta necesidad, esta compulsión o, quizá, tan sólo este deseo de revelar el misterio de misterios.

La telaraña micropolítica, en la que podemos esperar encontrar las relaciones de verdad, conocimiento y sexualidad, es precisamente lo que el psicoanálisis ha arrojado para atrapa

rnos.

Es la única institución de la “gran familia de las tecnologías del sexo” que “se opuso, rigurosamente, a los efectos políticos e institucionales del sistema perversión-herencia-degeneración”.

La confesión es un ritual de discurso en el cual el sujeto que habla coincide con el sujeto del enunciado; también es un ritual que se despliega en una relación de poder, pues no se confiesa sin ma presencia [¿o en la presencia al menos virtual cf. del analista?] que no es simplemente el interlocutor, sino la instancia que requiere la confesión, la impone, la aprecia e interviene para juzgar, castigar, perdonar, consolar, reconciliar; un ritual donde la verdad se autentifica gracias al obstáculo y a las resistencias que ha tenido que vencer para formularse; un ritual, finalmente, donde la sola enunciación, independientemente de sus consecuencias externas, produce en el que la articula modificaciones intrínsecas…

Foucault: (“¿Qué es este sistema anónimo sin sujeto, quién está pensando? ‘El sujeto’ [esa cosa compleja y frágil’] explotó…”) Detenerse allí equivale a caer en un determinismo sociolingüístico, en el que la postura del otro (confesor, médico, juez, policía) constriñe por completo el discurso que se le dirige.

El “gobierno”… determinó la manera en la que podría dirigirse la conducta de los individuos y de los grupos… Gobernar, en este sentido, es estructura

r el posible campo de acción de los demás. Por consiguiente, la relación propia del poder no se buscará del lado de la violencia o de la lucha ni del de la asociación voluntaria…sino más bien en el área del modo singular de acción, que no es guerrero ni jurídico, que es el gobierno.

En Grecia, la verdad y el sexo se ligaban en la forma de la pedagogía, por la transmisión, cuerpo a cuerpo, de un saber precioso; el sexo servía de soporte a las iniciaciones del conocimiento. Para nosotros, la verdad y el sexo se ligan en la confesión, por la expresión obligatoria y exhaustiva de un secreto individual.

Foucault reconoce como esperanza positiva legítima: conducir al individuo a que se haga la pregunta: ¿cómo debo vivir?

Creo que los intelectuales -si esta categoría existe o incluso si debe existir, de lo que no estamos muy seguros, y tal vez no sea lo más deseable- están renunciando a sus funciones proféticas. Con esta afirmación no me estoy refiriendo a su pretensión de decir lo que va a suceder, sino a su función como legisladores, a la que han aspirado desde hace tanto tiempo: Esto es lo que debe hacerse, esto es lo bueno, síganme. En la incertidumbre en la que todos ustedes se encuentran, aquí está el punto fijo, aquí donde yo estoy. El filósofo griego, el profeta judío y el legislador romano han sido siempre los modelos que persiguen quienes, hoy día, hacen una profesión de hablar y escribir. Yo sueño en un intelectual que pueda destruir lo que es evidente en sí mismo y lo que es universal, alguien que pueda discernir en las inercias y en las restricciones del presente los puntos débiles, las cuarteaduras que forman grietas, las líneas de fuerza, alguien que siempre esté en movimiento, que nunca sepa bien en dónde estará ni lo que pensará mañana, porque está demasiado atento al presente; alguien que siempre contribuya, esté donde esté, a plantear la pregunta de si esta revolución vale el esfuerzo que se hace, y cuál (me refiero a cuál evolución y a cuál esfuerzo), entendiéndose que sólo los que estén preparados para correr el riesgo podrán responder.

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